Por Luis Adolfo Payares Altamiranda/ACORD/AIPS

Atrás quedaron los días en que la Universidad de Cartagena era sinónimo de béisbol competitivo. En aquellos tiempos, los colores amarillo y negro brillaban en el estadio 11 de noviembre, y jugadores de la talla de los hermanos Redondo, Daniel Mercado, Álvaro Castro y Napito Perea, y muchos otros, se convertían en verdaderos gladiadores de la pelota caliente. La gesta más recordada fue la de 1976, cuando estos estudiantes lograron vencer a COLPUERTOS, un equipo de renombre en la época y cuna de los mejores jugadores del departamento de Bolívar.

Sin embargo, la realidad actual dista mucho de ese glorioso pasado. La Universidad de Cartagena, que antaño respiraba béisbol en cada rincón de su campus, ha abandonado por completo este deporte. Su compromiso con la pelota caliente ha sido reemplazado por la indiferencia, mientras otros temas menos nobles han acaparado la atención de sus directivos.

A lo largo de los años, la institución ha sido protagonista de varios escándalos financieros y administrativos, en los que grandes sumas de dinero han desaparecido sin dejar rastro. Fondos que, de haberse manejado con transparencia y visón, bien podrían haberse destinado a la formación de un equipo semiprofesional que reviviera la tradición beisbolera de la universidad. Pero la falta de líderes con verdadera pasión y compromiso por el deporte ha condenado al olvido una disciplina que alguna vez fue emblema de la institución.

Cabe resaltar el esfuerzo titánico de la Dra. Berta Arnedo, quien, desde el ámbito académico, ha tratado de mantener viva la memoria del béisbol en la Universidad de Cartagena. Sus investigaciones históricas y propuestas han sido admirables, pero insuficientes sin un respaldo estructural y financiero por parte de las directivas.

A pesar de que varios miembros de la administración universitaria se autoproclaman fanáticos del béisbol, ninguno ha asumido el reto de rescatarlo del olvido. La desidia y la falta de iniciativa han convertido al que fuera un deporte emblemático en una simple anécdota del pasado. La Universidad de Cartagena, que en su momento forjó leyendas en los diamantes, hoy es solo un testigo mudo de su propia historia.

El llamado es claro: si la institución desea recuperar su grandeza deportiva, es imperativo que sus directivos dejen de lado la indiferencia y apuesten por un proyecto serio y sostenible para el béisbol universitario. No se trata solo de honrar el pasado, sino de darle a las nuevas generaciones la oportunidad de escribir su propia historia en el deporte que alguna vez hizo vibrar a la Universidad de Cartagena.