EDITORIAL/Opinión

Cartagena siempre ha sido tierra de béisbol, eso es algo innegable, lo llevamos en la sangre, en los barrios, en cada pelota que rueda en cualquier esquina, pero hoy el béisbol ya no es solo pasión ni tradición, hoy es un negocio global que se mueve con lógica, con estructura y con planificación, y también con tecnología. Y es ahí donde empieza la preocupación, porque mientras el mundo del béisbol avanza hacia sistemas organizados, nosotros seguimos dependiendo, en buena parte, del esfuerzo individual, de la familia del pelotero, y del talento natural.

En la ciudad hay gente trabajando, y hay que decirlo con respeto, entrenadores, formadores, academias pequeñas, proyectos que nacen del amor por el juego, padres comprometidos, todo eso existe y es valioso, pero al mismo tiempo Cartagena se ha convertido en una ciudad de torneos, torneos infantiles, torneos de desarrollo, campeonatos cada fin de semana, eventos por todas partes, que como es lógico generan ingresos para quienes los organizan, y eso no está mal, el deporte también es economía, también es gestión, también es negocio, el problema no es que existan torneos, el problema es que muchos de esos torneos no responden a una visión de formación real, no hacen parte de un proceso, no construyen una ruta, no están conectados entre sí. Lo único que construyen es ganancias para los que lo hacen o patrocinan,

Y mientras aquí seguimos girando alrededor de competencias cortas, el mundo del béisbol ya está en otra dimensión, hoy no se busca solo talento, se busca proyección, disciplina, formación integral, datos, estructura, y en ese escenario Cartagena aparece como una plaza rica en talento, pero pobre en sistema, y eso se está notando cada vez más, lo que genera desorden, genera caos, por lo cual el más vivo es el que saca partido.

Lo más delicado es que ese vacío no se queda quieto, alguien lo ocupa, y hoy lo están ocupando academias extranjeras, sobre todo de República Dominicana y Venezuela, que han entendido perfectamente el valor del pelotero cartagenero, están viniendo, están entrando a los barrios, a los campos, a las ligas menores, y están captando niños desde los 10 años, muchas veces sin ninguna regulación clara, sin un marco institucional que ordene ese proceso, sin un derrotero definido, simplemente con el aval de los padres que, ante la falta de orientación, ven en esas oportunidades una salida. Se imaginan que alguno de esos niños fallezca en otro país como ya ha ocurrido varias veces en República Dominicana..? ¿Qué haría entonces el gobierno nacional…? Estamos acostumbrados a reaccionar y no a tomar acciones antes de que se produzcan los hechos, un error de cálculo, que genera episodios que pueden corregirse antes que sucedan.

Y ahí es donde uno tiene que detenerse y pensar, porque esto no es solo béisbol, esto es formación humana, esto es futuro, esto es responsabilidad, porque exportar talento no es llevarse un niño con buenas condiciones, exportar talento debería significar formar un pelotero listo para competir, para adaptarse, para sostenerse, para entender el mundo al que llega, y hoy Cartagena no tiene un sistema que garantice eso.

Aquí hay actividad, sí, hay movimiento, sí, hay torneos, sí, pero no hay una planificación clara desde la Federación o desde los entes deportivos que articule todo ese esfuerzo, que diga hacia dónde vamos, cómo se forma un pelotero desde los 8, 10, 12 años, cuáles son los estándares, cómo se protege al menor, cómo se regula la llegada de academias extranjeras, cómo se acompaña a la familia, cómo se construye una carrera, eso no está definido, y mientras no esté definido, el talento seguirá navegando sin rumbo.

Cartagena no necesita más torneos, necesita más proceso, necesita pasar del entusiasmo a la estructura, del evento al sistema, del talento suelto al talento acompañado, porque lo que está en juego no es un campeonato de fin de semana, lo que está en juego es el futuro de una generación que sí tiene con qué llegar, pero que hoy no tiene quién la organice.

Nos sobra talento, eso nunca ha estado en discusión, lo que nos falta es industria, y mientras no entendamos eso, vamos a seguir viendo cómo el talento sale, cómo se lo llevan, cómo otros lo estructuran y lo convierten en valor, mientras nosotros seguimos celebrando resultados momentáneos sin construir verdaderas carreras.

El béisbol cambió, el negocio ya está aquí, y Cartagena tiene que decidir si quiere seguir siendo solo una cantera de talento o convertirse, de una vez por todas, en una fábrica de peloteros bien formados, protegidos y listos para el béisbol de verdad.

PD: Cada vez son menos los muchachos de Colombia que llegan a Grandes Ligas, a pesar que hay más firmas.