EDITORIAL | VISIÓN DEL DEPORTE

En el béisbol hay una regla que nunca falla: los números no mienten. Podrán existir discursos optimistas, narrativas patrióticas o análisis complacientes, pero al final del día todo queda registrado en el box score. Por eso, cuando se analiza la participación de Colombia en el Clásico Mundial, no basta con hablar de entusiasmo o de buenas intenciones. Hay que mirar los datos. Y cuando se comparan los registros del Clásico Mundial de 2017 con los números que deja el proceso de 2026, el análisis obliga a decir cosas que a muchos no les gusta escuchar.

La primera conclusión es más que evidente a través de los datos: Colombia no ha avanzado, Colombia ha retrocedido.

En 2017, el equipo colombiano llegó con un grupo de lanzadores que, al menos en el papel y en los números, mostraban mayor estabilidad. Los registros lo demuestran: José Quintana lanzó 5.2 innings con 1.59 de efectividad y un WHIP de 0.35; Julio Teherán trabajó 5.0 entradas con 1.80 de ERA; Dayan Díaz tiró 2.0 innings sin permitir carreras; Yohan Pino también registró 0.00 de efectividad. Esos números reflejan algo básico en este deporte: cuando el pitcheo controla el juego, el equipo compite.

En el proceso actual de 2026 la historia es mucho más irregular. Sí, aparecen actuaciones destacadas como Emerson Martínez con 3.1 innings sin permitir carreras y cuatro ponches, o la presencia siempre confiable de José Quintana con efectividad de 0.00 en tres innings. Pero al mismo tiempo aparecen cifras que en un torneo de este nivel son sencillamente alarmantes. Adrián Almeida con 20.25 de ERA, Jhon Romero con 27.00 y Luis Patiño con un 108.00 de efectividad en apenas un tercio de inning.

Estos números no son simples estadísticas aisladas; son el reflejo de un bullpen inestable y vulnerable, algo que en torneos cortos como el Clásico Mundial suele ser mortal. En el béisbol moderno, el pitcheo no solo gana juegos: define la competitividad de un equipo.

En la ofensiva la historia tampoco cambia demasiado. En 2017 Colombia no fue una potencia al bate, pero al menos tuvo algunos destellos ofensivos. Jorge Alfaro conectó un cuadrangular, Jhonatan Solano bateó .400 con OPS de 1.000, y varios jugadores aportaron en momentos oportunos.

Hoy, en 2026, aparecen algunos números interesantes como Harold Ramírez con promedio de .462 y OPS de 1.000, Michael Arroyo con .400 de average y un OBP de .571, y Gio Urshela con OPS de .869. Pero cuando se observa el cuadro completo aparece otra realidad: varios jugadores con promedio de .000, ausencia casi total de poder ofensivo y una alineación que depende demasiado de uno o dos bates.

Y en el béisbol internacional, depender de pocos jugadores suele ser una receta para la eliminación.

Pero hay otro dato que también debe decirse con claridad y que explica parte de este retroceso: Colombia está jugando este Clásico Mundial con uno de los equipos más veteranos del torneo. El promedio de edad de la selección supera los 29 años y se acerca a los 30, mientras que muchas selecciones están apostando por rosters más jóvenes, peloteros que llegan en pleno desarrollo físico y competitivo.

En torneos de alta exigencia como el Clásico Mundial, la edad también pesa. La velocidad del juego, la recuperación física, la explosividad en defensa y la resistencia durante partidos intensos suelen favorecer a equipos que combinan experiencia con juventud. Colombia, en cambio, parece haber llegado a este torneo con un grupo que ya transita la parte madura de su carrera deportiva.

Ahora bien, también hay que decirlo con claridad: Colombia sufrió ausencias importantes. Lanzadores como Reiver San Martín, Tayron Guerrero y Nabil Crismatt no pudieron estar en el Clásico, y sin duda su presencia habría fortalecido considerablemente el cuerpo de pitcheo. Son brazos con experiencia internacional, con recorrido profesional y con capacidad para competir en este tipo de escenarios.

Pero incluso entendiendo esas ausencias, el problema de fondo sigue siendo otro: Colombia no ha logrado consolidar un verdadero relevo generacional.

De hecho, al revisar el roster actual aparece un dato revelador: entre nueve y diez jugadores del equipo actual han estado presentes en prácticamente todos los Clásicos Mundiales en los que ha participado Colombia. Es decir, el núcleo del equipo sigue siendo prácticamente el mismo desde hace más de una década.

Eso habla de experiencia, sí. Pero también evidencia algo que debería preocupar al béisbol colombiano: la falta de renovación estructural del talento.

Mientras otros países incorporan constantemente nuevas figuras, Colombia sigue dependiendo del mismo grupo de peloteros que ha cargado con la selección durante años. Y aunque esos jugadores han representado con dignidad al país, el béisbol internacional exige algo más que continuidad: exige renovación permanente.

Pero el problema no se limita a la edad o a los números individuales. También hay un tema estructural que el béisbol colombiano debe discutir con mayor seriedad: la conformación del cuerpo técnico.

Si Colombia quiere competir realmente en el Clásico Mundial, el cuerpo técnico no puede seguir siendo una estructura limitada al ámbito local. Este es un torneo donde participan los mejores del planeta. Allí dirigen managers, coaches y estrategas que han vivido el béisbol en Grandes Ligas, que manejan analítica avanzada, que entienden el juego moderno desde la estrategia, el manejo del bullpen y los matchups.

Colombia necesita elevar el nivel en ese aspecto. El cuerpo técnico de la selección debe estar conformado por figuras con experiencia en Grandes Ligas, personas que hayan vivido el béisbol al más alto nivel competitivo del mundo.

No se trata de desmeritar a nadie. Se trata de entender que el béisbol internacional exige otra dimensión.

El problema del béisbol colombiano no es la falta de talento. Colombia ha producido peloteros de Grandes Ligas, ha tenido lanzadores respetados internacionalmente y ha demostrado que puede competir. El verdadero problema es la falta de una estructura deportiva sólida que garantice profundidad, renovación generacional y dirección técnica de alto nivel.

El béisbol tiene algo que lo hace único entre los deportes: aquí la verdad siempre termina apareciendo en los números. Y cuando se comparan los registros entre 2017 y 2026, lo que muestran los datos es que Colombia todavía no logra consolidar un proyecto competitivo sostenible.

Eso no significa que el equipo no pueda sorprender. El béisbol es impredecible. Un juego puede cambiar con un swing, con un error o con un inning inesperado. Pero si Colombia quiere dejar de ser un invitado ocasional en el Clásico Mundial y convertirse en un protagonista real, primero debe aceptar una realidad que algunos prefieren ignorar.

Porque en este deporte la emoción dura un instante, pero los números quedan para siempre.

Y hoy, los números están diciendo algo muy claro: Colombia no solo se ha estancado, también ha retrocedido en su estructura competitiva.