Por Gustavo Valiente Espinosa
La temporada 2024-2025 del béisbol profesional colombiano ha dejado muchas lecciones, especialmente para los Tigres de Cartagena, cuyo desempeño fue motivo de altas expectativas y profundas decepciones. Desde su lanzamiento con bombos y platillos, el equipo generó ilusiones en la afición cartagenera, quienes esperaban un regreso triunfal a la élite de la pelota caliente. Sin embargo, lo prometido no se cumplió, y los resultados finales nos dejan un balance que merece reflexión.
El equipo comenzó con buen bateo y mostró destellos de ofensiva sólida, pero su talón de Aquiles fue evidente desde las primeras jornadas: el picheo. Las deficiencias en este departamento marcaron una constante a lo largo de la temporada, con juegos que se perdieron por desmoronamientos en las serpentinas. Aunque clasificaron al round robin gracias a un bajo rendimiento de sus rivales directos, el promedio de .500 con el que finalizaron tanto en la primera fase como en la semifinal dejó claro que los Tigres nunca lograron despegar.
El round robin puso en evidencia otros problemas, como la falta de dirección técnica sólida y decisiones cuestionables desde el banquillo, encabezado por Jonathan Solano. Las derrotas clave frente a los Leones de Barranquilla, incluyendo un juego que se perdió tras una cómoda ventaja de siete carreras, fueron determinantes. Estas caídas, sumadas a problemas administrativos, sellaron el destino de los Tigres en esta temporada.
La gestión del equipo dejó mucho que desear. Desde la ausencia de un gerente visible hasta especulaciones sobre desacuerdos en el cuerpo técnico, las carencias organizativas se reflejaron en el campo. La falta de cohesión interna fue un factor determinante que incidió en los resultados finales.
No todo fue negativo. La reacción inesperada de los Tigres al vencer a equipos como los Vaqueros y los Caimanes mostró destellos de competitividad. Sin embargo, estos logros aislados no bastaron para cambiar el rumbo de una temporada que, en términos generales, debe considerarse un fracaso. Los directivos tienen ahora la responsabilidad de aprender de estos errores, reorganizarse y construir un proyecto deportivo con verdadero criterio gerencial.
De cara al futuro, es crucial que se revisen aspectos como la reglamentación del torneo, para evitar polémicas en la definición de fases decisivas, y que se fortalezcan las bases administrativas y técnicas del equipo. La pelota caliente es parte de la identidad de Cartagena, y su afición merece un equipo a la altura de esa tradición.
Mientras los Vaqueros de Montería y los Caimanes de Barranquilla se preparan para disputar la gran final, queda para los Tigres la tarea de reconstruir y mejorar. La experiencia de esta temporada debe servir como un punto de partida para que el próximo año no sea solo una nueva oportunidad, sino el inicio de una verdadera transformación.
