CARTA DEL ESTADIO 11 DE NOVIEMBRE

Jairo Romero: El popular «Totumo»

El popular «Totumo», en unas de sus estadías en el 11 de Noviembre descubrió esta carta que manifiesta todo el sentir del coloso del béisbol en Cartagena

Tengo mas de 70 años a cuestas, en el trasegar del tiempo he visto glorias y derrotas, gritos, llantos de júbilo y tristeza, pero aquí sigo perenne, con mi cachucha «bacana», y mis espacios vacíos, que muy pocas veces se llenan. En mis horas de soledad recuerdo como se llenaban mis sillas, que anteriormente eran unas asentaderas con algunas tiras de madera. Eran las épocas de Conastil, Colpuertos, Águilas, Álcalis, Universidad de Cartagena, donde tenía que cerrar mis puertas y abrirlas a partir del octavo inning porque la gente no quería irse. Esos tiempos pasaron, esos llenos no han vuelto, solo esporadicamente me lleno cuando hay un evento de béisbol bueno, o cuando viene el «Rey de Rocha».

Soy el estadio que se ha construido en el menor tiempo posible. Recuerdo a los grandes periodistas que llenaron estas gradas, a Napoleón Perea, a Melanio Porto, a Carmelo Hernández Valencia, Campo Elías Teherán y al último que vi hasta inicios del año 2000, Luis Alberto Payares Villa, todos ellos eran estandartes que traían gente al estadio, eran otras épocas que jamás volverán. A veces escucho sus voces en mis pasillos en los dogouts, en el terreno de juego en todos los espacios vacíos que se llenan con los recuerdos en mis paredes de cemento.

Lo que más lamento y me consume hasta las varillas de acero que tengo de tripas, son la cantidad de aparatosas adecuaciones que me han hecho. Pintura barata, sillas de la más burda calidad, arena que rocían mi terreno con gran cantidad de parásitos y bacterias, que matan el césped. Escucho entre mis paredes la cantidad de «tramullos» y arreglos que se han hecho para cogerse la plata, en estos setenta años, ya mis oídos no soportan tanta bajeza. POr aquí escucho hablar de todo, hasta de política, esa misma que me hizo nacer a mi, pero ahora solo trata de matarme. El año pasado llegó por aquí un arquitecto gringo que presuntamente me iba a transformar en un estadio digno de la MLB, pero no pudo ser así. >Sigo sometido al calvario de los bailes de champeta que maltratan mi terreno, me orinan en los pasillos. Estoy triste, a pesar de que por mi terreno han pasado todos los grandes ligas que ha dado Colombia, y los más de 100 que hay en tránsito hacia la gran carpa, todavía no hay un dirigente que tenga los pantalones para convertirme en un estado de siglo XXI, sigo siendo uno del siglo XX, y a veces me siento uno del siglo XIX.

Yo seguiré aquí testigo mudo de todo lo que pase en las toneladas de concreto rígido que cubren mis entrañas y mis paredes, pero algún día hablaré desde mis recónditas varillas, ellas se retuercen a veces de rabia y de ver la desidia, de como me tratan. Tengo verguenza de como me veo ahora, sobre todo que a escasas hora y media hay un estadio que me aventaja y me humilla, con una colosal ornamentación, pero yo seguiré aquí rogando para ver si logro parecerme a un estadio de grandes ligas.

Por: Fernando Thompson Obyrne

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *