A cinco años de su fallecimiento, la figura de Edwin Caraballo Camargo vuelve a ocupar un lugar central en la memoria del softbol colombiano. Su amigo y colega Ernesto Babilonia evocó su legado deportivo y humano, destacando una carrera que marcó época y dejó títulos, récords y enseñanzas imborrables.
Caraballo nació en 1964 y falleció en 2021 a los 56 años, víctima del COVID-19. Su camino en el deporte comenzó en el softbol juvenil de Bolívar, donde fue descubierto por el doctor Aremiro Bermúdez Villadiego. Desde entonces, su ascenso fue constante: representó a Bolívar en categorías juveniles y defendió sus colores durante 20 años en la categoría mayores, participando en 16 torneos internacionales.

Como jugador y luego como técnico, su impacto trascendió fronteras. Fue coach de Bolívar en categorías menores y manager del Magdalena durante una década, con el que conquistó campeonatos nacionales y unos Juegos Nacionales. A nivel de selección, se desempeñó como pitching coach de Colombia en mayores y fue manager del combinado nacional en un torneo suramericano.
Entre sus hazañas más recordadas, sobresalen gestas de alto calibre: desde juvenil aportó numerosos títulos a Bolívar; en mayores repitió la hazaña y, en campeonatos nacionales, llegó a lanzar en tres ocasiones dos juegos consecutivos. En el plano internacional, venció a potencias y selecciones como Cuba, Antillas Neerlandesas y Bahamas, convirtiéndose en el pitcher colombiano con más juegos ganados fuera del país. También registró triunfos ante Argentina y Guatemala, participó en los Juegos Panamericanos de Indianápolis 1987 y fue parte del cuerpo técnico en el Mundial de Nueva Zelanda 2013.
Para Ernesto Babilonia, Edwin Caraballo fue “el mejor lanzador de todas las épocas de la bola rápida”. No destacaba por su estatura, pero sí por una fortaleza excepcional: la velocidad de su brazo, la potencia de sus lanzamientos y el poder que mostraba incluso al batear.
Cinco años después de su partida, el recuerdo de Edwin Caraballo permanece vivo en los diamantes, en las estadísticas y, sobre todo, en la memoria de quienes compartieron con él la pasión por el softbol y el orgullo de representar a Colombia.
