ANALISIS/
Por Luis Adolfo Payares Altamiranda/ACORD/AIPS
Colombia dio un paso más hacia la consolidación de una selección madura y competitiva al derrotar 1-0 a Ghana en los dieciseisavos de final del Mundial 2026. El marcador fue corto, pero el desarrollo del partido mostró a un equipo que entendió cuándo acelerar, cuándo administrar la ventaja y cómo controlar a un rival que históricamente ha hecho del despliegue físico una de sus mayores fortalezas. Ahora, el próximo 7 de julio, el conjunto dirigido por Néstor Lorenzo tendrá una prueba de mayor exigencia frente a Suiza, en los octavos de final.
El gol tempranero de Jhon Arias permitió que Colombia construyera el partido desde la tranquilidad. Sin embargo, la verdadera diferencia estuvo en el funcionamiento colectivo. La Selección controló el ritmo del encuentro mediante la posesión del balón y una circulación constante que desgastó a Ghana. Las estadísticas reflejan ese dominio: Colombia completó 532 pases, frente a los 312 de Ghana, una diferencia de más de 220 pases que evidencia el control territorial y futbolístico del compromiso. La posesión dejó de ser un dato decorativo para convertirse en una herramienta táctica que impidió que el rival encontrara espacios para imponer su velocidad y potencia física.
Ese volumen de pases también refleja una evolución en el fútbol colombiano. En otros procesos mundialistas el equipo dependía de ataques verticales y momentos de inspiración individual; esta vez construyó desde la paciencia, moviendo el balón de un sector a otro hasta encontrar ventajas. No fue una posesión estéril, sino una forma de gobernar el partido y reducir las opciones ofensivas de Ghana.
Defensivamente, Colombia volvió a mostrar una de sus mayores fortalezas. Davinson Sánchez y Jhon Lucumí neutralizaron el juego aéreo africano, mientras Jefferson Lerma volvió a desempeñar un papel fundamental como volante de equilibrio, recuperando balones y cerrando líneas de pase. Ghana apenas logró inquietar de manera aislada a la defensa colombiana, confirmando que el bloque defensivo atraviesa uno de sus mejores momentos del torneo.
No obstante, persiste un aspecto que deberá corregirse antes del duelo frente a Suiza: la definición. Colombia generó suficientes oportunidades para ampliar el marcador, pero volvió a carecer de eficacia en los metros finales. En instancias de eliminación directa, especialmente frente a selecciones europeas, desperdiciar ocasiones puede costar una clasificación.
El próximo rival representa un desafío completamente distinto. Suiza eliminó con autoridad a Argelia y es reconocida por su disciplina táctica, su orden defensivo y su capacidad para castigar cualquier error del adversario. Será un partido mucho más estratégico, donde la circulación rápida del balón, la precisión en el último pase y la eficacia frente al arco marcarán la diferencia.
La victoria sobre Ghana deja una buena sensación: Colombia ya no depende únicamente del talento individual, sino que ha desarrollado una identidad colectiva basada en el orden, la posesión inteligente y la capacidad para competir bajo presión. Si logra mantener ese equilibrio y aumentar su contundencia ofensiva, tendrá argumentos suficientes para superar a Suiza y meterse entre las ocho mejores selecciones del Mundial 2026. Amanecerá y veremos.

