Por Luis Adolfo Payares/ACORD/AIPS/Director www.visiondeldeporte.com
La crisis institucional que durante los últimos años ha mantenido a la Liga de Sóftbol de Bolívar en una preocupante acefalía podría comenzar a cerrarse el próximo 16 de julio de 2026, fecha en la que fue convocada la Asamblea Extraordinaria para elegir el nuevo órgano de administración, control y disciplina. De acuerdo con la resolución expedida por el Comité Provisional, únicamente podrán ejercer su derecho al voto los clubes que tengan vigente su afiliación, reconocimiento deportivo y demás requisitos estatutarios establecidos por la normatividad deportiva.
No se trata de una elección cualquiera. Es, probablemente, la asamblea más importante que ha vivido el sóftbol bolivarense en la última década. De sus resultados dependerá si este deporte recupera el liderazgo que alguna vez ostentó en Colombia o si, por el contrario, continúa sumido en un proceso de decadencia que ha golpeado profundamente su estructura competitiva, administrativa y formativa.
La historia demuestra que Bolívar fue durante muchos años una verdadera potencia del sóftbol nacional. Sus dirigentes de antaño entendían que administrar una liga iba mucho más allá de organizar campeonatos. Existía una visión estratégica de largo plazo orientada a la masificación, la formación de nuevos talentos, el fortalecimiento de los clubes, la capacitación de entrenadores, la consolidación de procesos juveniles y la representación permanente del departamento en los principales eventos nacionales e internacionales.
Las administraciones más recientes terminaron convirtiendo a la Liga en una institución prácticamente invisible. La ausencia de liderazgo, la falta de planificación y los constantes desaciertos administrativos fueron deteriorando un patrimonio deportivo construido durante décadas. Hoy resulta imposible ocultar una realidad que salta a la vista: el sóftbol de Bolívar dejó de producir jugadores de élite con la misma frecuencia de otros tiempos.
No existe un proceso sólido de formación de nuevas generaciones. Las categorías menores prácticamente desaparecieron de la agenda deportiva. Los pocos jugadores de alto nivel que han surgido en los últimos años, en muchos casos, provienen de procesos formativos del béisbol y posteriormente migran hacia el sóftbol, lo que evidencia una preocupante ausencia de escuelas especializadas que garanticen la renovación del talento.
La situación resulta todavía más delicada en una posición tan estratégica como la de los lanzadores. Bolívar, históricamente reconocido por producir grandes pitchers, hoy observa cómo varios de sus mejores exponentes han tenido que representar a otros departamentos ante la falta de apoyo institucional, oportunidades deportivas y procesos organizados dentro de su propia liga. Es una pérdida de capital humano que difícilmente puede justificarse.
El reflejo más evidente de este deterioro quedó expuesto con la convocatoria de la Selección Colombia que competirá en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026. Bolívar, uno de los departamentos que durante décadas fue protagonista del sóftbol colombiano, no aporta un solo jugador inscrito oficialmente por la liga departamental. Si existe algún deportista nacido en Bolívar dentro del equipo nacional, su proceso deportivo ya no pertenece al registro bolivarense, sino al de otra liga que sí le abrió las puertas para desarrollar su carrera.
Por ello genera expectativa que, según se ha conocido en el entorno deportivo, se esté estructurando una plancha integrada por dirigentes con amplia trayectoria, experiencia administrativa y reconocimiento dentro del sóftbol nacional. El reto no será simplemente ganar una elección, sino reconstruir una institución que necesita recuperar su credibilidad ante los clubes, los deportistas, los entrenadores y las entidades públicas.
La nueva administración tendrá enormes desafíos: restablecer la confianza institucional, organizar campeonatos permanentes, fortalecer las categorías infantiles y juveniles, recuperar escenarios deportivos, gestionar recursos públicos y privados, atraer patrocinadores, formar entrenadores, capacitar árbitros y, sobre todo, volver a hacer del sóftbol una alternativa real para cientos de jóvenes del departamento.
El sóftbol bolivarense no necesita dirigentes interesados únicamente en ocupar cargos honoríficos. Necesita líderes capaces de trabajar con transparencia, gestión y visión de futuro. La reconstrucción no será inmediata ni sencilla, pero sí posible si prevalece el interés colectivo sobre los protagonismos personales que tanto daño le han hecho a este deporte.
El 16 de julio no solamente se elegirán nuevos directivos. Ese día se decidirá si Bolívar está dispuesto a recuperar uno de los deportes que durante décadas llenó de orgullo al departamento o si continuará resignándose a ver cómo otras ligas cosechan los triunfos que antes llevaban el sello del sóftbol bolivarense. La historia ya demostró que Bolívar sabe ganar. Lo que ahora necesita es volver a aprender a dirigirse.

