Por Luis Adolfo Payares Altamiranda

Cartagena, cuna del béisbol en Colombia, atraviesa una crisis preocupante. La reciente temporada expuso una serie de irregularidades que dejan en evidencia la fragilidad de la estructura organizativa del torneo. Uno de los casos más alarmantes fue el escándalo por el no pago a los jugadores del equipo Tigres de Cartagena, un hecho que no solo afecta la estabilidad económica de los deportistas, sino que también socava la credibilidad del campeonato.

Según informaciones del periódico El Universal, hasta la fecha muchos jugadores colombianos, incluyendo al mánager del equipo, no han recibido sus honorarios. Este tipo de situaciones generan descontento y desconfianza en el desarrollo de la liga, la cual, a pesar de seguir atrayendo espectadores, carece de un liderazgo firme y una estructura financiera solvente.

La Liga de Béisbol Profesional Colombiana se ha convertido en un ente paquidérmico, anquilosado, que no se pronuncia ante hechos que afectan la integridad del torneo. Su pasividad ante el incumplimiento de obligaciones salariales es un claro ejemplo de su falta de compromiso con el crecimiento y profesionalización del deporte.

El béisbol en Colombia necesita una reestructuración profunda. No es suficiente con llevar gente a los estadios si no se garantiza un manejo administrativo eficiente. La sostenibilidad del torneo requiere de una reingeniería que permita a los equipos operar con solidez financiera y garantizar condiciones dignas a los jugadores.

En el caso de Cartagena, la ausencia de empresarios interesados en el desarrollo del béisbol es otro obstáculo importante. La ciudad ha perdido el respaldo de inversionistas apasionados por este deporte, y sin recursos económicos suficientes, el nivel de competitividad de los equipos se ve seriamente afectado.

El caso de los Tigres es un claro fracaso administrativo y deportivo. La incertidumbre sobre su futuro es preocupante, pues no se sabe con certeza quiénes son los nuevos dueños del equipo. Existe la posibilidad de que el señor Rentería retome el control debido al incumplimiento del contrato, lo que podría significar la desaparición del equipo en la próxima temporada.

Es urgente que surjan nuevas figuras empresariales dispuestas a apoyar al béisbol en Cartagena y Colombia. Sin una solución clara, nuestro béisbol bolivarense seguirá en un limbo administrativo que solo contribuirá a su decadencia. Es momento de exigir transparencia, responsabilidad y compromiso para garantizar el crecimiento de un deporte que ha dado tantas glorias a nuestro país, pero que, sin el apoyo adecuado, corre el riesgo de desaparecer en el olvido.