Por Luis Adolfo Payares/ACORD/AIPS
La liga de béisbol de Bolívar, otrora una entidad respetada, con profundo arraigo deportivo e institucional, navega en el mar de la inoperancia, y de la incomunicación, no se sabe para donde va y que está pasando. No se sabe si la Gobernación de Bolívar, expidió la resolución para avalar el Órgano de Administración
¿Qué está pasando con la Liga de Béisbol de Bolívar? La Asamblea para escoger el nuevo órgano de administración se realizó en diciembre y, desde entonces, lo que reina es un silencio institucional inquietante. No hay comunicación clara, no se conoce un plan estructurado para el 2026, no se ha anunciado una reforma estatutaria y, lo más grave, no se percibe autoridad frente al creciente desorden competitivo que hoy domina el panorama beisbolero del departamento.
El problema no es estético ni circunstancial. Es estructural. Porque la Liga no es una figura decorativa. No es un nombre en un membrete. Es, según la Ley 181 de 1995, un organismo de derecho privado que hace parte del Sistema Nacional del Deporte y que ejerce funciones de dirección, organización y control en su jurisdicción. Es decir, la Liga es autoridad deportiva departamental. El Decreto 1228 de 1995 refuerza esta estructura jerárquica: clubes afiliados a ligas, ligas integradas a federaciones, federaciones articuladas al Comité Olímpico. Cuando ese orden se rompe, el sistema se debilita.
Hoy en Bolívar proliferan torneos organizados por fuera de la órbita institucional. Campeonatos paralelos, iniciativas independientes, competencias sin una articulación clara con el calendario oficial. La frase que circula en los pasillos es tan cruda como reveladora: “¿Para qué la Liga si nosotros podemos hacer torneos y ganarnos nuestro billete?”. Esa expresión resume la crisis. Cuando el interés económico individual reemplaza la institucionalidad, el deporte deja de ser proyecto colectivo y se convierte en negocio fragmentado. Y el béisbol, que históricamente ha sido orgullo de Bolívar, no puede reducirse a cajas menores ni a agendas particulares.
El tema de las llamadas “escuelas” también merece claridad. Jurídicamente, el Sistema Nacional del Deporte reconoce clubes deportivos. Las escuelas, si desean competir oficialmente, deben constituirse y afiliarse conforme a la norma. No pueden actuar como entes paralelos ni imponer condiciones a la Liga. Si un pelotero se inscribe para participar en la Liga, pertenece al sistema competitivo de la Liga. La autonomía privada no puede estar por encima del marco legal que regula el deporte en Colombia.
El núcleo del problema, sin embargo, parece estar en los estatutos. Se ha señalado que están obsoletos, anquilosados y desactualizados frente a la normativa vigente y a las dinámicas del béisbol moderno. Si eso es cierto, la reforma no es un capricho: es una obligación jurídica y administrativa. La Ley 181 exige democracia interna, órganos disciplinarios, reglas claras de afiliación, transparencia y armonización con la normatividad nacional e internacional. Sin estatutos modernos no hay gobernanza. Sin gobernanza no hay liderazgo. Y sin liderazgo no hay respeto.
En conversaciones sostenidas con el abogado Leopoldo Mena se ha planteado la urgencia de reorganizar el béisbol bolivarense, de devolverle a la Liga su valor histórico y su autoridad natural. La propuesta no es radical, es lógica: reformar estatutos, unificar calendarios, exigir que todo torneo cuente con aval institucional, integrar formalmente a clubes y organizaciones, y celebrar la asamblea de inicio antes del 31 de marzo para concertar la programación del año 2026. Eso no es imponer; es ordenar.
Bolívar no es una plaza cualquiera. De esta tierra han salido peloteros que han representado con orgullo al departamento y a Colombia. La Liga fue durante años el eje formador, la estructura organizadora, la cantera institucional. Hoy corre el riesgo de convertirse en una figura simbólica mientras el verdadero movimiento ocurre por fuera de su órbita.
La pintura en las paredes no moderniza una institución. El silencio no fortalece la autoridad. El béisbol bolivarense necesita dirección clara, soporte jurídico sólido y carácter administrativo. La Liga está en una encrucijada: o asume su papel histórico y se reforma con decisión, o seguirá perdiendo preponderancia en medio del desorden.
El béisbol merece estructura. Bolívar merece institucionalidad. Y la Liga debe decidir si quiere ser protagonista del renacimiento o espectadora de su propia irrelevancia.
Para concluir como ilustra la foto que destaca este artículo, los miembros vestidos de smoking, pero dentro de una casa vieja, vetusta y llena de telarañas, con un silencio duro. Amanecerá y veremos.

