La franqueza de Luis “Pipe” Urueta en el programa Béisbol Para Todos, dirigido por José Marenco, dejó al desnudo un diagnóstico que pocos en el béisbol colombiano se atreven a expresar públicamente: la liga dejó de crecer porque dejó de ser justa. Y cuando la justicia desaparece del deporte, lo que se rompe no es solo la competencia, sino la confianza del fanático y el futuro mismo del juego.
Urueta recordó que el verdadero ascenso del béisbol en Colombia no ocurrió en la nostalgia remota de los años del Wheeler o el Café Universal, sino hace apenas dos décadas, cuando Edinson Rentería proyectó una liga pensada para todos y no para un solo beneficiado. Fue el tiempo del draft, de los recursos distribuidos equitativamente y de reglas diseñadas para evitar privilegios. Ese periodo, según él, marcó la cúspide del desarrollo, del patrocinio y del crecimiento real del béisbol nacional. Y es exactamente eso lo que la liga ha ido perdiendo.
Lo que hoy ocurre —y Urueta lo dijo sin rodeos— es la consolidación de estructuras de poder que mantienen al torneo desequilibrado. Señaló directamente que la familia Char en Barranquilla posee una influencia incomparable, y que la existencia de propietarios que controlan más de un equipo rompe cualquier posibilidad de competencia sana. En un escenario así, afirmó, es imposible hablar de sostenibilidad. El fanático lo sabe: salvo el hincha de Barranquilla, el resto del país ha visto cómo el interés por la liga se erosiona ante la evidencia de que solo uno tiene garantizado el éxito año tras año.
Urueta fue más allá al comparar la situación con lo que vivió el béisbol dominicano durante décadas, cuando solo dos equipos monopolizaban los títulos. Ese sistema, recordó, murió el día en que la liga dominicana ajustó sus reglas para garantizar igualdad real. Desde entonces, los fanáticos de Gigantes, Toros y Estrellas crecieron porque, por primera vez en mucho tiempo, su equipo podía competir. Colombia, afirma Urueta, necesita exactamente ese modelo: reglas claras, paridad y estructuras que no estén al servicio del más poderoso, sino del deporte.
Aunque reconoció que por primera vez en años los cuatro equipos colombianos llegarán a la temporada con dueños separados —Tigres, Caimanes, Toros y Montería—, Urueta advirtió que este avance no resuelve el problema de fondo. Y entonces lanzó la acusación más contundente de toda la entrevista: durante un periodo reciente, los Caimanes concentraron prácticamente a todos los jugadores élite del país. Lo describió como algo “anormal”, resultado de cambios, préstamos o negocios desconocidos, pero cuyo efecto fue devastador: cualquier pelotero bueno terminaba en Barranquilla. Una liga donde un solo equipo absorbe todo el talento, dijo, pierde sentido competitivo y, por ende, pierde audiencia.
Para Urueta, la solución no es un misterio, aunque sí un desafío: Colombia debe volver al esquema que alguna vez se simbolizó en el llamado “Team Rentería”, un modelo que garantizaba oportunidades parejas, impulsaba el desarrollo y hacía de la liga un producto atractivo. No importa cómo se llame la estructura en el futuro; lo crucial es recuperar la igualdad que permitió que la liga floreciera.
De lo contrario, advierte, el béisbol colombiano quedará reducido a un torneo donde gana el que más dinero tiene y donde el desarrollo de jugadores —el verdadero motor del deporte— se estanca. Y en un país donde no abundan los propietarios fuertes, ese camino no lleva al crecimiento, sino al colapso.
La valentía de Urueta al decirlo con nombre propio es un llamado urgente a reflexionar sobre quién está dirigiendo el destino del béisbol colombiano: ¿los dirigentes que buscan una liga fuerte, o los dueños que solo buscan ganar? Si no se responde esa pregunta, el juego seguirá perdiendo terreno, fanáticos… y futuro.ible en un deporte que no tiene tantos propietarios fuertes.
