Rescatemos el Orgullo del Béisbol Colombiano: Del Pasado Glorioso al Potencial del Presente

Por: Luis Adolfo Payares Altamiranda

Los tiempos han cambiado, y el béisbol colombiano ha sido testigo de ello. En los años 80, la radio era la cúspide de la comunicación, y el béisbol gozaba de una popularidad que parecía inquebrantable. Recuerdo las transmisiones de mi padre, Luis Alberto Payares Villa, donde las 52 cuñas leídas por partido eran un símbolo de la bonanza del deporte. Las emisoras competían por cubrir los partidos; había hasta seis o más transmisiones radiales simultáneas dedicadas al béisbol. Era un espectáculo vibrante y cultural, respaldado por grandes empresarios locales y un público apasionado que llenaba los estadios.

Sin embargo, hoy nos enfrentamos a un panorama muy distinto, donde las circunstancias han cambiado profundamente. En los años recientes, hemos sido testigos de grandes logros que deberían unirnos en celebración, pero, desafortunadamente, persiste una narrativa de odio hacia el béisbol actual, incluso por parte de quienes dicen ser sus seguidores. Calificar como «malo» el béisbol de hoy ignora hechos históricos recientes, como el título de la Serie del Caribe que conseguimos hace pocos años, un hito sin precedentes en nuestra historia deportiva.

Comparar el béisbol de antes con el de ahora es como decir que el dólar sigue a 100 pesos cuando hoy está a 4.000. Los tiempos y las circunstancias son diferentes. Antes, empresarios como los que lideraron equipos emblemáticos como Indios y Torices aportaban su pasión y recursos para mantener viva la llama del deporte. Pero muchos de ellos ya no están, y las nuevas generaciones carecen del fuego que movía a sus padres. Además, no podemos ignorar que el béisbol es un deporte costoso, y los desafíos para mantener una liga competitiva son mayores en la actualidad.

El caso del señor Édison Rentería es un claro ejemplo de los obstáculos modernos. A pesar de su esfuerzo por mantener equipos y fomentar el talento local, ha enfrentado críticas y problemas, como la venta de uno de sus equipos a Cartagena, transacción que aún no ha sido saldada.

Afirmar que el béisbol actual es «malo» ignora las oportunidades que ha brindado a talentos jóvenes como Jossman Teherán y Diego Contreras, quienes han logrado firmar con equipos de la MLB. Este torneo ha servido como vitrina para que nuestros peloteros engrosen las filas del béisbol profesional, algo que debería llenarnos de orgullo.

En mi experiencia, fui testigo directo de los 20 juegos que Tigres disputó en Cartagena. Vi cómo jugadores talentosos dejaron su huella, mientras otros se quedaron en el camino, como ocurre en cualquier liga del mundo. También me di el lujo de ser el único que transmitió esos 20 partidos en su totalidad, con una parrilla de 13 clientes que respaldaron mi labor, aunque prefiero no revelar las cifras para evitar que mi amigo Robinson Ríos me pida una “picúa”.

El béisbol es uno solo, pero el concepto de negocio ha cambiado. La nostalgia no debe cegarnos a las oportunidades del presente ni a los logros alcanzados en las nuevas circunstancias. Es crucial dejar atrás la estigmatización y la deslegitimación que tantos seguidores actuales practican. Estos discursos solo benefician a otros deportes, que han ganado terreno mientras el béisbol se debate entre críticas internas y falta de apoyo estructural.

En lugar de dividirnos, deberíamos enfocarnos en construir una narrativa positiva, reconociendo el esfuerzo de los jugadores, entrenadores y empresarios que aún luchan por mantener vivo este deporte en Colombia. Solo así podremos encontrar el equilibrio entre la grandeza del pasado y el potencial del presente, para que el béisbol vuelva a ocupar el lugar que merece en nuestra identidad cultural y deportiva.

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