¨Por: Luis Adolfo Payares Altamiranda
La verdad me cuesta aceptar lo que pasa en Cartagena, una ciudad que sus sentidos los ha perdido, su capacidad de asombro, y su sentido de pertenencia, con estos dos ingredientes es muy probable que nuestra «cartagenidad», sucumba ante el amparo de los que llegan.
Somos forasteros en una ciudad que va al vaivén de la inercia, donde lo que pasa, sucede por esta ley, donde todo cuerpo preserva su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él. En Cartagena pasa de todo y no pasa nada, en cuanto al deporte el éxodo de deportistas es constante, y ahora el deporte que más auge tiene en nuestra ciudad como el béisbol, muchos deportistas piden visa para jugar en otros departamentos.
No hemos sido capaces de asombrarnos por la barbarie que cometieron con la estatua del mejor pelotero amateur que ha tenido este país. Allí yace después de más de 200 días de estar sin cabeza y sin bate. Nadie dice nada, la misma gente que pasa por allí ni la mira, y el sol, la lluvia y la brisa son testigos mudos de la indiferencia y la insensatez.
Tampoco hemos sido capaces de aglutinar esfuerzos para tener un equipo de béisbol profesional, con tanto material, pero sigue la fabula de los ricos pobres que tanto nos agobia, por no estar dentro de una vez por todas en el momento que vive nuestra pelota caliente, y aunque no nos guste, los vecinos barranquilleros nos están dando sopa y seco, a nosotros que nos ufanábamos de saber más de pelota caliente que Rufino Cienfuegos y Próculo Pájaro. No recuerdo un momento más sublime por el que pasa nuestro béisbol, es la oportunidad para que saquemos un equipo profesional, llámese Indios o Torices, los que están en la memoria histórica y en el ADN del cartagenero.
La pertenencia sin sentido nos agobia y nos llevará a perder nuestra cartagenidad, esa que nació del boxeo, del béisbol, del baloncesto, del softball, de la salsa y del barrio, pero que se han venido perdiendo a tal punto que nuestros deportistas también van perdiendo ese sentido de pertenencia por su camiseta.
Sigo siendo optimista destacando que muy pronto pasará la horrible noche, y tendremos nuestro equipo de pelota caliente profesional, llámese como se llame, que muy pronto tendremos un estadio de béisbol nuevo, porque el 11 de Noviembre, no resiste un pañete más. De los sueños viven los optimistas, y seguiré soñando porque definitivamente, eso no cuesta nada.
Ojalá alguna alma caritativa se le de por restaurar la estatua de Abel Leal Díaz, porque el IDER le tira la pelota a infraestructura, y así sucesivamente y han pasado más de 6 meses, sin ningún resultado de fondo. Y desafortunadamente lo que fue un monumento a las gestas del mejor pelotero amateur que ha tenido Colombia, ahora se ha convertido en un monumento a la desidia, a la negligencia administrativa y a la inoperancia gubernamental.
