Cuando el poder se vuelve obsesión y la interpretación jurídica se transforma en arma arrojadiza, el deporte termina pagando la factura. Y hoy el softball colombiano está pagando una de las más altas: la posibilidad real de que Colombia no participe en un Campeonato Panamericano que se realizará en su propio territorio. Parece una metáfora, pero desafortunadamente, no lo es.

La Resolución No. 004 de 2026 del Comité Provisional para la Federación Colombiana de Softbol Resol004Comite Pro Federacion deja en evidencia el tamaño del caos. En su parte resolutiva, el Comité decide revocar en todas sus partes las resoluciones 001, 002 y 003 de la presente anualidad, es decir, tumba sus propias decisiones, incluyendo aquellas relacionadas con la convocatoria de atletas para el Panamericano de Montería.

¿La razón? Un concepto del Ministerio del Deporte que delimita las competencias del Comité Provisional, señalando que su función es netamente de fomento y reconstitución del organismo deportivo, pero no de manejo técnico ni administrativo del deporte a nivel nacional ni de representación internacional.

Traducido al lenguaje llano: el Comité podía promover el deporte, pero no podía seleccionar el equipo que representara al país.

Y aquí empieza el verdadero problema.


De la hermenéutica jurídica al castigo deportivo

La Asamblea para escoger la nueva Federación fue realizada —según múltiples voces del sector— en los tiempos adecuados y bajo interpretación normativa ajustada a los plazos. Todo parecía marchar dentro de los cauces formales. Pero quienes perdieron no asumieron la derrota con altura institucional; decidieron trasladar la disputa al terreno judicial.

Y cuando una asamblea es demandada, el proceso se judicializa, se congela la legitimidad y se paraliza la operatividad.

El resultado está hoy a la vista: un Comité Provisional con funciones restringidas, una Federación en proceso de reconstitución, y una selección nacional sin piso jurídico claro para competir.

Es el clásico caso donde la pelea no es contra el adversario, sino contra el deporte mismo.


El deporte no entiende de codicias

Muchas veces los deseos de poder, la insensatez desbordada y la codicia crean el escenario perfecto para el caos. Los más perjudicados no son los dirigentes, ni los abogados, ni quienes firman resoluciones; son los atletas.

El documento es claro en su numeral 4: el manejo técnico y administrativo del deporte a nivel nacional corresponde a la Federación debidamente constituida Resol004Comite Pro Federacion. Pero si la Federación está en disputa, y el Comité no puede ejercer esas funciones, entonces el país queda en un limbo institucional.

Ese limbo se llama exclusión.

Y es vergonzoso que Colombia pueda organizar un Panamericano en Montería sin su propia selección en competencia.


La guerra equivocada

Aquí no hubo una guerra contra los ganadores de una asamblea. Hubo una guerra contra el softball.

Porque el softball no entiende de recursos de reposición, ni de radicados 2026EE0002665, ni de interpretaciones del Decreto 1228 de 1995. El softball entiende de sacrificios, de doble plays, de pitchers que entrenan años esperando una oportunidad internacional.

La dirigencia, en cambio, entendió otra cosa: que el poder es un bien que se defiende incluso a costa del país.


El coletazo institucional

La Resolución 004 es, en el fondo, un acto de corrección funcional. El Comité reconoce que actuó bajo buena fe al convocar atletas para el Panamericano, pero acepta que excedió sus competencias Resol004Comite Pro Federacion. Jurídicamente puede ser impecable. Éticamente es devastadora.

Porque el deporte colombiano sigue atrapado en un modelo donde las disputas internas terminan en la mesa del Ministerio, en la oficina de inspección y vigilancia, y no en el terreno de juego.

Y cada vez que eso ocurre, el mensaje al atleta es brutal:
tu esfuerzo depende de una firma.


Reflexión

Colombia necesita urgentemente separar el liderazgo deportivo del apetito burocrático. La legitimidad de una Federación no puede convertirse en un pulso interminable donde la víctima colateral sea la representación internacional del país.

Si hay irregularidades, que se investiguen.
Si hubo errores en la asamblea, que se corrijan.
Pero que no se condene al softball nacional a la invisibilidad internacional por disputas que nada tienen que ver con el diamante.

Porque cuando un país organiza un Panamericano y no compite, no estamos ante un problema jurídico. Estamos ante un problema de dirigencia, y estamos quedando en el espectro internacional, como un trapo sucio, que ni el «límpido» puede blanquear.