Por Luis Adolfo Payares Altamiranda/ACORD/AIPS
Didier Fuentes y su singular lanzamiento de tres dedos representan una de esas rarezas hermosas que todavía conserva el béisbol. En un deporte donde abundan los manuales, las escuelas rígidas y los dogmas mecánicos, aparecen de vez en cuando peloteros que rompen la geometría tradicional del pitcheo y obligan a los puristas a mirar nuevamente el juego con otros ojos.
Los ortodoxos del béisbol sostienen —y no sin razón— que la recta clásica debe salir del brazo con el agarre tradicional de dos costuras o cuatro costuras, utilizando principalmente el dedo índice y el dedo medio, mientras el pulgar sirve de soporte por debajo de la pelota. Esa ha sido durante décadas la enseñanza universal en academias, ligas menores y organizaciones profesionales. La lógica biomecánica indica que ese agarre genera mejor rotación, mayor estabilidad y un eje más limpio sobre la bola.
Didier Fuentes, el joven lanzador toludeño, dueño de una recta que supera las 95 millas por hora y que, para sorpresa de muchos, sale disparada de su mano con un agarre poco convencional: tres dedos más el pulgar. Una mecánica singular, extraña para algunos entrenadores clásicos, pero absolutamente natural para él. Y eso, precisamente, es lo verdaderamente importante.
La historia del béisbol está llena de lanzadores que construyeron carreras brillantes desobedeciendo los manuales tradicionales. Desde las extrañas entregas laterales de algunos relevistas hasta los nudillos imposibles de controlar, pasando por pitchers con movimientos considerados “antiacadémicos” que terminaron dominando Grandes Ligas. Lo que importa no es si el lanzamiento luce bonito en cámara lenta; lo que importa es el resultado, la salud del brazo y la capacidad de repetir mecánicamente el envío.
Cuando el propio lanzador afirma que “se siente bien lanzando de esta manera” y que así se acostumbró a lanzar, hay un elemento psicológico que muchos subestiman. El pitcher vive de confianza. Un lanzador inseguro pierde velocidad, control y agresividad competitiva. Alterarle drásticamente un movimiento natural simplemente por encajar en un molde ortodoxo puede ser incluso contraproducente.
Además, el agarre de tres dedos podría estar aportándole ciertos beneficios particulares. Algunos especialistas en biomecánica sostienen que determinados agarres poco convencionales pueden generar mayor sensación de control, una salida distinta de la pelota o incluso variaciones sutiles en el spin rate. En tiempos donde el béisbol analiza hasta las revoluciones por minuto de cada lanzamiento, estas diferencias mínimas pueden convertirse en ventajas competitivas.
Lo verdaderamente admirable en Didier Fuentes no es únicamente la rareza del agarre. Lo admirable es que un muchacho colombiano, nacido en Tolú, esté desarrollando una identidad propia sobre la lomita. En un país donde muchas veces se intenta fabricar lanzadores en serie, copiando modelos extranjeros, Didier parece estar escribiendo su propia firma mecánica.
Quizás dentro de algunos años, cuando Didier Fuentes esté consolidado en niveles superiores, muchos de los que hoy observan con extrañeza ese agarre de tres dedos terminarán analizándolo en clínicas de pitcheo.
El béisbol siempre ha tenido espacio para los rebeldes mecánicos. Y mientras esa recta siga explotando el guante a más de 95 millas por hora, poco importará si salió de dos dedos… o de tres.
