Por Luis Adolfo Payares

Hay expresiones que, con el paso del tiempo, se desprenden de su origen musical o histórico para convertirse en categorías del lenguaje cotidiano. “Tibiri tábara” es una de ellas. Popularizada en 1956 por Daniel Santos, la frase nació como una metáfora de la compleja y convulsa situación que atravesaba Cuba en aquellos años. En la voz del Jefe, “tibiri tábara” condensó incertidumbre, dificultad extrema y un ambiente donde todo parecía pender de un hilo.

Décadas después, la expresión calza con precisión quirúrgica para describir el presente deportivo de Tigres de Cartagena. El equipo felino atraviesa su propio tibiri tábara tras la del día de ayer, un resultado que no solo dolió en el marcador sino que apretó, al límite, el panorama de clasificación a la serie final del béisbol profesional colombiano.

Las dos caídas consecutivas ante Caimanes de Barranquilla, ambas por la mínima diferencia, no fueron simples accidentes del calendario. Dejaron al descubierto una falencia del equipo: el picheo de relevo. En ambos juegos, Tigres construyó ventajas trabajadas con paciencia —batazos oportunos, estrategia en las bases y un pitcheo abridor que cumplió—, pero al llegar a los innings finales la estructura se desmoronó. El relevo no logró sostener lo ganado y el margen estrecho terminó jugando en contra.

Históricamente, los equipos campeones se sostienen en tres columnas: defensa, ofensiva situacional y bullpen. Cuando una de esas columnas falla, el edificio tiembla. Hoy, el temblor es evidente. No por falta de talento, sino por la imposibilidad de cerrar los partidos, ese arte ingrato que es definitivo en los últimos episodios de un partido de béisbol.

Sin embargo, como en toda buena crónica deportiva, el tibiri tábara no es sinónimo de sentencia definitiva. El destino aún no está escrito. Tigres depende de sí mismo: ganar hoy es obligatorio. Ese triunfo le permitiría empatar en la tabla con Vaqueros de Montería, siempre y cuando estos le ganen a Toros de Sincelejo en suelo monteriano. En ese escenario —apretado, casi de novela— la serie particular favorece a Tigres frente a Vaqueros, y ese ítem de desempate puede ser la llave que abra la puerta de la clasificación.

Así, el tibiri tábara de Tigres no es solo una frase pintoresca tomada del cancionero caribeño. Es una radiografía del momento: tensión máxima, margen mínimo y la obligación de responder cuando el contexto aprieta. Como en la canción de Daniel Santos, el ambiente es espeso y desafiante; pero también, como en el béisbol, basta un juego bien cerrado, un relevo afinado y un out final para transformar la angustia en esperanza.

En el béisbol, como en la historia, los momentos difíciles no definen por sí solos el desenlace. Lo define la capacidad de resistirlos. Hoy, Tigres de Cartagena juega más que un partido: juega la posibilidad de salir del tibiri tábara con la frente en alto y el boleto a la final en la mano. Esperemos a ver qué pasa.