Por Gustavo Valiente Espinosa
En Colombia ocurren cosas que solo pueden explicarse bajo la lógica del “realismo mágico” que tan bien supo narrar nuestro Nobel Gabriel García Márquez. En esta ocasión, el protagonista no es un coronel esperando una carta, sino la Federación Colombiana de Softball, que parece atrapada en un limbo jurídico, administrativo y deportivo.
El pasado proceso de elección del órgano de administración —es decir, la junta directiva— se llevó a cabo un día sábado. Hasta aquí, nada que parezca fuera de lo común. Sin embargo, un detalle que muchos pasaron por alto se convirtió en la piedra angular de una controversia: según la Resolución 1423 de 2022 del Ministerio del Deporte, solo se consideran días hábiles para la convocatoria y realización de asambleas aquellos que están contemplados como tal en el calendario laboral oficial, es decir, de lunes a viernes. El sábado, según esta disposición, no es día hábil.
Ese “pequeño” tecnicismo ha dado lugar a una bomba de tiempo: la convocatoria fue viciada de nulidad y, por tanto, la Asamblea se declaró ineficaz. Y con esa declaración, toda la institucionalidad del softbol colombiano ha quedado en el aire. ¿Quién manda ahora? ¿Qué legitimidad tiene lo actuado hasta el momento? ¿Cuál es la ruta que se debe seguir?
El artículo 14 de la mencionada resolución establece claramente que la convocatoria a asambleas de federaciones deportivas debe hacerse y surtirse en días hábiles. Cualquier desviación de esa norma constituye una causal de invalidez de la asamblea, sus decisiones y sus efectos.
Mientras tanto, el panorama es sombrío. Por un lado, están quienes participaron en dicha asamblea y se consideran legítimamente elegidos, y por el otro, los que fueron desplazados, pero que aún se resisten a dejar el poder. Entre ambos bandos se cruzan comunicados, denuncias, acusaciones y hasta insinuaciones de corrupción, favorecimientos y manejos indebidos.
El Ministerio del Deporte, en su calidad de máxima autoridad del Sistema Nacional del Deporte, tiene ahora la tarea de mediar, investigar y, si es necesario, intervenir. Pero lo más lamentable es que, como siempre, el único que pierde en este conflicto es el deporte. Mientras los dirigentes se lanzan dardos legales y comunicacionales, las ligas departamentales, los atletas y los torneos están a la deriva.
¿Qué pasará con la Federación Colombiana de Softball? Es la pregunta que se hacen muchos presidentes de liga, entrenadores, deportistas y hasta patrocinadores. El softbol —que ha venido luchando por ganar visibilidad y estructura en el país— hoy está atrapado en una pelea de poder que pone en riesgo su desarrollo, su calendario deportivo y su credibilidad institucional.
Si algo debe quedar claro de este episodio es la necesidad urgente de profesionalizar la administración deportiva en Colombia. No puede ser que errores tan básicos como convocar una asamblea en un día no hábil, o no seguir los requisitos mínimos de procedimiento, terminen hipotecando el futuro de una disciplina. La pregunta que nos hacemos es: ¿ fue adrede la convocatoria para el dia sábado, porque sabía el órgano que estaba, que iba a perder..? La respuesta no la tiene ni mandinga..!
Y mientras tanto, el deporte —como el coronel— sigue esperando.
