Por Luis Adolfo Payares Altamiranda

Cartagena, una ciudad vibrante y apasionada, tiene una relación peculiar con el béisbol. No es solo un deporte; es una pasión que despierta debates y opiniones acaloradas. Sin embargo, existe un fenómeno curioso en esta tierra de peloteros: la abundancia de «sabiondos» que creen tener la última palabra sobre el Rey de los Deportes. Estos críticos, que rara vez pisan el estadio, se dedican a despotricar desde la comodidad de sus dispositivos, lanzando argumentos que muchas veces carecen de sustento.

La narrativa común entre estos detractores gira en torno a la supuesta desigualdad del torneo y al dominio de los Caimanes de Barranquilla, equipo considerado por muchos como el favorito debido a su talento y roster estelar. Pero, ¿qué ocurre cuando se rompe este esquema? La noche de ayer, los Tigres de Cartagena dieron una muestra de lo impredecible y maravilloso que puede ser el béisbol.

Con un equipo que no brilla por nombres rimbombantes, los Tigres lograron una victoria apoteósica, cimentada en disciplina, estrategia y corazón. El protagonista de esta gesta fue Guillermo Zúñiga, quien lanzó 1.1 entradas magistrales, alcanzando velocidades que sin duda rebasaron las 90 MPH. Con 13 lanzamientos, 11 de ellos strikes, Zúñiga se adjudicó la victoria y demostró que el talento no siempre necesita de titulares pomposos.

Los refuerzos también han sido clave en esta etapa crucial. La llegada de veteranos como Jesús Valdés ha dado frutos inmediatos. Ayer, Valdés estuvo impecable: 2-2 con dos bases por bolas, dos anotadas y una empujada. Brian Sánchez, por su parte, aportó con un rendimiento estelar, y su consistencia con el madero lo consolida como pieza fundamental en este equipo felino.

Hoy, los Tigres enfrentarán a los Leones en el estadio 11 de noviembre-Abel Leal, en un partido que podría definir su paso a la final. Este escenario es una invitación a los «sabiondos» que critican desde la lejanía: ¿Por qué no dejar de lado los prejuicios y vivir la emoción desde las gradas? Quizás, solo quizás, podrían descubrir que el béisbol no solo se juega en el diamante, sino también en el corazón de quienes lo apoyan.

El béisbol es impredecible, y esa es precisamente su magia. Hoy puede ser el día en que los Tigres de Cartagena desafíen las probabilidades y silencien las críticas. Pero, pase lo que pase, una cosa queda clara: el verdadero aficionado no solo habla, también está presente, animando y creyendo en su equipo. Es hora de que los «sabiondos» dejen las pantallas y se sumen a la fiesta del béisbol.