Por Gustavo Valiente Espinosa
En el béisbol, como en la vida, las estadísticas cuentan historias que trascienden los números. La temporada 2024-2025 del torneo profesional colombiano nos deja una narrativa inquietante para el equipo de los Tigres de Cartagena, que parece estar escribiendo un capítulo muy diferente, en la historia de la pelota criolla.
Anoche, en el Estadio 11 de Noviembre – Abel Leal Díaz, los Tigres volvieron a ser superados por los Caimanes, esta vez con un marcador de 13-8. Más allá del resultado abultado, el desempeño en el montículo y las decisiones estratégicas del manager Jonathan Solano dejaron mucho que desear. Iniciar el partido con el experimentado Luis Escobar, quien fue castigado con cinco carreras en la primera entrada y dos más en la segunda, expuso una falta de ajuste en la dirección del equipo.
Es cierto que el béisbol permite margen para el error, pero hay derrotas que son más difíciles de justificar. No se trata únicamente de perder, sino de cómo se pierde. Anoche, los Tigres mostraron destellos de recuperación, recortando una desventaja de 10-3 a 10-8 en el séptimo inning, pero el relevo no estuvo a la altura, y la inconsistencia volvió a pasar factura.
Lo que preocupa no es solo el resultado de anoche, sino el hecho de que los Tigres podrían cerrar la temporada regular sin una sola victoria frente a los Caimanes. De concretarse, sería un punto negativo sin precedentes en el béisbol colombiano. Nunca antes el representativo de Cartagena había sido incapaz de vencer al equipo barranquillero en un torneo completo.
A los Tigres les restan dos enfrentamientos contra los Caimanes, ambos en Barranquilla. El panorama es desalentador, y las probabilidades de cambiar esta narrativa son mínimas.
El desempeño del equipo no solo refleja problemas en el picheo y la dirección técnica, sino también una falta de cohesión y acoplamiento en la plantilla. Aunque hay talento, como se observa en momentos puntuales, el equipo no ha logrado consolidarse como un bloque competitivo.
Por otro lado, los Caimanes representan el contraste perfecto. Desde su cuerpo técnico hasta sus jugadores, el equipo barranquillero ha demostrado por qué lidera el torneo con autoridad. Su disciplina, preparación y enfoque son evidentes en cada turno al bate y cada jugada defensiva.
A pesar de los tropiezos, los Tigres tienen garantizada prácticamente su clasificación a la siguiente fase, gracias a la ventaja que mantienen sobre Leones y Toros. Sin embargo, los aficionados cartageneros no pueden evitar preguntarse: ¿qué pasará en la semifinal? Con un probable enfrentamiento contra los Vaqueros, y una eventual final contra los Caimanes, el futuro de los Tigres luce complicado.
El béisbol es impredecible, y en el terreno de juego cualquier cosa puede suceder. Sin embargo, los Tigres tendrán que superar más que a sus rivales: deberán enfrentarse a sus propias limitaciones, corregir errores y recuperar la confianza perdida.
El béisbol profesional colombiano necesita una Cartagena competitiva, y los Tigres tienen la obligación de responder a la afición que los sigue con pasión. El reto es enorme, pero no imposible. Como decía Fernando Lilo Guerrero, recordado ícono del periodismo deportivo cartagenero: “El béisbol es como la vida: siempre hay una oportunidad para redimirse”.
La pregunta sigue en el aire: ¿serán capaces los Tigres de sacar una victoria frente a los Caimanes y evitar un récord negativo histórico? Amanecerá y veremos.
