En medio de la crisis que enfrenta el softball colombiano, y la calamidad que vive el departamento de Córdoba y su capital, hablamos con el presidente de la WBSC Américas Softball, Tommy Velázquez, para aclarar la forma de la escogencia del equipo que representa a nuestro país en el torneo de softball Panamericano que se disputa en Montería.
En medio de la tormenta institucional que atraviesa el softball colombiano, el presidente de América Softball, Tommy Velásquez, habló sin rodeos: “La Federación Colombiana está inactiva. Lo que procede es rescatar a los atletas”.
La entrevista, concedida en a este medio que dirige el periodista Luis Adolfo Payares, con la colaboración jurídica del Dr. Gustavo Valiente, deja al descubierto una realidad incómoda: a dos días del inicio del torneo panamericano en Montería, Colombia no tenía oficialmente un equipo confirmado ni una resolución pública que respaldara su participación.
“No hay federación activa”
Velásquez fue categórico: la Federación Colombiana de Softbol, para efectos prácticos y legales, no está activa. Y en ese escenario —según explicó— los mecanismos ordinarios del Sistema Nacional del Deporte pierden operatividad.
“Todo lo que ustedes explican es correcto siempre que exista una federación activa. Pero no la hay”, afirmó.
Ante ese vacío, la Confederación Continental acudió directamente al Comité Olímpico Colombiano, solicitando que asumiera la protección y representación de los atletas, amparándose en la Regla 27 de la Carta Olímpica, que establece como misión de los Comités Olímpicos Nacionales:
“Desarrollar, promover y proteger el movimiento olímpico en sus respectivos países, asegurando el cumplimiento de la Carta Olímpica y la continuidad deportiva en situaciones excepcionales.”
La tesis de Velásquez es clara: cuando no existe federación activa, el Comité Olímpico tiene la potestad de salvaguardar la participación internacional de los deportistas.
¿Club o Selección?
Uno de los puntos más sensibles de la conversación fue la información extraoficial que circula en el país: que un club de Barranquilla podría representar a Colombia en el torneo.
Velásquez respondió con prudencia:
“A mí me van a entregar un roster y con eso se va a trabajar. Eso le corresponde al entrenador y entiendo que saldrá una resolución.”
Es decir, la Confederación no interviene en la conformación específica del equipo. Su interés —insistió— es garantizar que Colombia no pierda el ciclo olímpico.
No es un simple torneo
Aquí radica el punto neurálgico del debate. Según explicó el presidente continental, el evento no es un campeonato menor. Es clasificatorio para:
- Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026
- Juegos Panamericanos Lima 2027
- Copa Mundial 2028
Si Colombia no participa, quedaría prácticamente marginada del escenario internacional hasta 2029.
“Si no actuamos ahora, no hay softball internacional para Colombia en todo el ciclo olímpico”, advirtió.
¿Puede jugarse sin federación?
Velásquez fue enfático en otro punto polémico:
“Nosotros no necesitamos una federación nacional para hacer un torneo internacional.”
Explicó que el evento fue firmado hace más de un año, cuando sí existía una federación reconocida. La crisis interna posterior —asambleas impugnadas, anulaciones y conflictos administrativos— no invalida los compromisos internacionales ya adquiridos.
En cuanto a la organización local, señaló que la anfitriona es la ciudad de Montería, a través del INDER y la Alcaldía.
La pregunta de fondo
El doctor Gustavo Valiente, experto en derecho deportivo, planteó la inquietud estructural: si el Comité Olímpico asume en ausencia de federación, ¿cuál es entonces el rol real de las federaciones nacionales?
La respuesta implícita del dirigente continental es pragmática: las federaciones son el canal ordinario; pero en situaciones excepcionales, el movimiento olímpico tiene herramientas para evitar que los atletas paguen las consecuencias.
Transparencia prometida
Velásquez se comprometió públicamente a compartir la respuesta oficial que emita el Comité Olímpico Colombiano, sea favorable o negativa. Además, ofreció garantías de acceso y cobertura periodística al evento, destacando la importancia de la transparencia.
El trasfondo: una crisis prolongada
Más allá del torneo inmediato, el verdadero problema es estructural. Más de un año de conflictos federativos, impugnaciones, decisiones ministeriales y luchas internas han dejado al softball colombiano en un limbo jurídico.
Y como suele ocurrir en el deporte, quienes pagan el precio son los atletas.
Velásquez cerró con una frase que resume el momento:
“La razón de ser de cada institución deportiva tienen que ser los atletas.”
El torneo se jugará. La pregunta que queda en el aire no es si habrá partido, sino si esta crisis servirá finalmente para reconstruir la institucionalidad del softball colombiano o si seguirá siendo —como dijo uno de los panelistas— un amanecer incierto donde “dio el ciego en la víspera”.

