EDITORIAL/
El nuevo Órgano de Administración de la Federación Colombiana de Sóftbol, liderado por la doctora Rina Corcho, recibe una tarea difícil, pero no imposible: impulsar un verdadero proceso nacional de formación que permita desarrollar lanzadores y jugadores capaces de competir frente a las grandes potencias del mundo.
Hay que reconocer la buena voluntad, la disposición al diálogo y el propósito renovador que parece acompañar esta nueva etapa. La doctora Rina Corcho y su equipo tienen ante sí la oportunidad histórica de corregir el rumbo, recuperar la confianza de las ligas y construir una política deportiva que vuelva a colocar al talento colombiano en el centro de todas las decisiones.
Durante demasiado tiempo, el sóftbol nacional perdió años valiosos. Anteriores administraciones, dirigentes, entrenadores, autoridades deportivas e incluso sectores de la prensa fuimos complacientes frente a un modelo que privilegió los resultados inmediatos por encima de la formación.
Se volvió habitual recurrir a jugadores nacidos y formados en el vecino país que, pese a contar con documentación colombiana, llegaban principalmente para disputar una competencia, cumplir un contrato y recibir una remuneración. El cuestionamiento nunca debe dirigirse contra su nacionalidad ni contra sus capacidades deportivas. El verdadero problema fue convertir esa alternativa en una práctica permanente que terminó desplazando la obligación de formar nuestro propio talento.
No podemos continuar repitiendo que Colombia carece de lanzadores de élite sin preguntarnos qué hemos hecho para desarrollarlos. ¿Cuántas escuelas especializadas se han creado? ¿Cuántos entrenadores de pitcheo se han capacitado? ¿Cuántos jóvenes han sido identificados y acompañados desde las categorías menores? ¿Qué seguimiento técnico, físico, médico y competitivo reciben?
Precisamente allí comienza el gran desafío de la nueva administración. Colombia necesita un programa nacional de formación de lanzadores, con centros regionales de desarrollo, competencias permanentes, entrenadores especializados, seguimiento biomecánico, preparación física, nutrición deportiva y una ruta clara desde las categorías menores hasta la selección absoluta.
También se requiere escuchar a las ligas, recuperar los territorios que históricamente han producido talento y explorar nuevas regiones. El sóftbol no puede depender de esfuerzos aislados ni de procesos que solamente se activan cuando se aproxima una competencia internacional. Un jugador de alto rendimiento necesita continuidad, planificación, fogueo y acompañamiento durante todo el año.
La doctora Rina Corcho ha manifestado su interés en fortalecer el talento nacional y esa voluntad debe ser respaldada por todos. Este no puede ser un proceso exclusivo de la Federación. Las ligas, los clubes, entrenadores, deportistas, periodistas, empresas privadas y el Ministerio del Deporte deben rodear una política de formación seria, medible y sostenible.
Los resultados seguramente no llegarán de la noche a la mañana. Formar un lanzador de categoría mundial demanda años de trabajo, disciplina y paciencia. Sin embargo, hay que comenzar. Cada proceso exitoso tuvo un primer día, una primera escuela, un primer entrenador y un primer joven al que alguien decidió brindarle una oportunidad.
No es tiempo de utilizar el retrovisor para promover confrontaciones ni buscar culpables. Debemos mirar hacia adelante, sin olvidar las lecciones del pasado. La crítica también debe convertirse en propuesta, acompañamiento y vigilancia constructiva.
El nuevo Órgano de Administración merece la oportunidad de demostrar que otra manera de dirigir el sóftbol colombiano es posible. La buena voluntad existe; ahora corresponde transformarla en programas, cronogramas, metas y resultados.
Confiamos en que el liderazgo de la doctora Rina Corcho pueda marcar el comienzo de una etapa diferente: una Federación cercana a las ligas, comprometida con las bases y decidida a formar nuestros propios lanzadores. Si sembramos hoy con planificación y perseverancia, mañana Colombia volverá a competir con orgullo, talento propio y verdadera identidad deportiva.

