EDITORIAL]
Durante décadas, hablar del softbol colombiano era hablar inevitablemente de Bolívar. Era hablar de una tierra que produjo campeones, selecciones nacionales, medallistas internacionales y generaciones enteras de atletas que convirtieron a Cartagena en una referencia obligada de este deporte.
Pero la Resolución No. 005 de 2026 de la Federación Colombiana de Softbol deja al descubierto una verdad que produce rabia e impotencia: Bolívar, la otrora potencia nacional, hoy está reducido a una presencia casi simbólica en la convocatoria de la preselección Colombia masculina para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo.
La lista incluye 33 atletas, con fuerte presencia de Córdoba, Atlántico, Bogotá, Sucre y otras ligas del país. Bolívar apenas aparece con dos nombres: Moisés Enrique Barboza Buendía y Sergio Luis Aragón Rivera, ambos nacidos en esta tierra, pero sin que eso pueda ocultar la crisis estructural del softbol bolivarense.
La pregunta que ojalá respondan los que hacían parte de la anterior liga: ¿cómo una potencia histórica llegó a este nivel de decadencia?
La respuesta no está únicamente en el campo de juego. Está en la dirigencia. Está en la ausencia de procesos. Está en la falta de liga. Está en una administración deportiva que parece haber perdido la brújula, el calendario y hasta la noción elemental de sus propios periodos estatutarios.
Es más que preocupante que un presidente anterior de la Liga de Softbol de Bolívar ni siquiera tuviera claridad sobre cuándo terminaba su periodo. Ese solo hecho retrata el nivel de improvisación institucional en el que ha caído una disciplina que antes era orgullo del departamento.
Porque cuando una dirigencia no sabe cuándo empieza ni cuándo termina su mandato, difícilmente puede saber hacia dónde debe llevar un deporte.
Y entonces surge otra pregunta, más dura pero necesaria: ¿para qué llegan ciertas personas a una liga deportiva?
¿Llegan para formar atletas o para acomodarse en una silla?
¿Llegan para construir escuelas, torneos y procesos, o para depender o amangualarse eternamente de los institutos distritales y departamentales?
¿Llegan para servir al deporte o para hacer negocios, negociados y convertir la necesidad de los deportistas en una oportunidad personal?
El deporte no puede seguir siendo el botín de quienes aparecen únicamente cuando hay recursos públicos, viajes, contratos, dotaciones o escenarios por administrar. Una liga no puede convertirse en una oficina de favores ni en una plataforma para gestionar intereses particulares mientras los atletas entrenan sin garantías, sin competencia organizada y sin horizonte nacional.
Bolívar no perdió su lugar por falta de talento.
Bolívar perdió su lugar por falta de conducción.
Mientras otros departamentos organizan procesos, fortalecen sus campeonatos y colocan atletas en la selección nacional, aquí seguimos atrapados en el desorden, la improvisación y la nostalgia. Se habla del pasado glorioso, pero no se construye el presente. Se invoca la historia, pero no se trabaja el futuro.
La Resolución No. 005 de 2026, expedida en Cartagena el 21 de junio, convoca atletas para iniciar concentración el 22 de junio en Montería, Córdoba. Además, designa un cuerpo técnico con representantes de Bogotá, Sucre y Córdoba, sin presencia técnica bolivarense.
Ese dato también habla.
No solo Bolívar perdió atletas en la escena nacional. También perdió influencia técnica, dirigencial y competitiva.
La Federación, según sus facultades legales y estatutarias, puede convocar a los deportistas que considere aptos para representar al país. Pero el golpe político y deportivo para Bolívar es evidente. Lo que antes era liderazgo hoy es ausencia. Lo que antes era respeto hoy es marginalidad. Amanecerá y veremos. Pobre softball.

