Por: Luis Adolfo Payares Altamiranda/ACORD/AIPS

Nos dimos a la tarea de entrevistar al Dr. Pedro José González Sanabria, sicólogo clínico de la Universidad de Málaga en España, sobre este comportamiento patológico que se vuelve recurrente en la tercera edad.

Cuando la nostalgia extrema se apodera del ser humano, deja de ser memoria y se convierte en una patología del pensamiento. Ya no es recuerdo: es refugio. Un refugio cómodo, inmóvil y peligroso. El nostálgico no analiza, no contrasta, no observa; simplemente se atrinchera en el pasado como quien defiende una causa perdida con los ojos cerrados.

En el béisbol —como en la vida— este fenómeno es recurrente. Basta escuchar a quienes, sin ir al estadio, sin seguir el torneo, sin ver más de un partido aislado, sentencian con ligereza: “el béisbol de ahora es malo”. Lo dicen con una seguridad que no nace del conocimiento, sino del miedo al cambio. Porque el nostálgico no odia el béisbol actual: odia que el tiempo haya avanzado sin pedirle permiso.

Desde la psicología, según el Dr. Gonzalez, este comportamiento tiene explicación. El nostálgico extremo vive una disonancia cognitiva: compara realidades incomparables, idealiza épocas que no fueron perfectas y elimina selectivamente todo aquello que contradiga su relato. Recuerda lo bueno, borra lo malo y construye un pasado ficticio donde todo era superior, más puro, más auténtico. Es un mecanismo de defensa frente a una verdad incómoda: ya no entiende el presente.

Hoy, en esta final del béisbol profesional colombiano, están jugando más de diez peloteros con experiencia en Grandes Ligas, la mayoría colombianos. Un hecho histórico, objetivo, verificable. Nunca el país había tenido semejante concentración de talento en una instancia definitiva. Pero nada de eso conmueve al nostálgico. Porque aceptar esta realidad implicaría reconocer que estaba equivocado, y el nostálgico recalcitrante jamás concede ese punto.

El problema no es la crítica —la crítica es necesaria—, el problema es la crítica vacía, desinformada y perezosa. Criticar sin ver, opinar sin contexto, juzgar sin datos. Esa postura no es pasión por el béisbol: es resentimiento intelectual. Es la comodidad de quien prefiere repetir frases heredadas antes que hacer el esfuerzo de entender un juego que ha evolucionado.

El béisbol de hoy es más rápido, más técnico, más analítico y exigente. Cambiaron las métricas, los enfoques, las estrategias. Cambió el mundo, y con él cambió el deporte. Pretender que el béisbol siga siendo el de hace 30 o 40 años es tan absurdo como exigir que la vida se detenga en la juventud de quien opina.

“El nostálgico radical no defiende el béisbol: defiende su propia biografía. Defiende la época en la que era joven, en la que entendía todo, en la que se sentía vigente. Por eso ataca al presente con saña, porque el presente le recuerda que el tiempo pasó y no vuelve.” Enfatizó el Dr. González.

El béisbol colombiano no está en decadencia; está en transformación. Y como toda transformación, incomoda a quienes confunden tradición con inmovilidad. El verdadero amante del juego observa, aprende y acompaña. El falso, se queda en casa, no va al estadio, ve un partido aislado y se cree con autoridad moral para dictar catedra “porque ellos han visto mucho béisbol”.

La nostalgia, cuando no se gobierna, se convierte en ceguera. Y el béisbol, como la historia, evoluciona y cambia.